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Catedral de Jaén. Fachada gótica
Escudos, Gótico, Religioso
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  • Fachada orientada al Este.
  • A las espaldas de la Catedral de Jaén.
  • Da a la Plaza de San Francisco y a la Calle Valparaiso.
  • En su cuerpo inferior una hermosa cenefa de estilo gótico flamígero y un adorno formado por crestería simulada.
  • Se trata de una reminiscencia del antiguo templo que mandara construir el obispo insepulto, don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce, hombre de gran talla intelectual.
  • Atribuido al cordobés Pedro López y al maestro Enrique Egas entre 1494-1500.
  • Recorre, entre cinco contrafuertes, exhibiendo una filigrana de enigmático simbolismo ornarnental que se dirige hacia la Calle Valparaiso conocida popularmente como Callejón de la Mona.
  • La cenefa la conforman brazadas de hojas de acanto ceñidas con cinturones, y follaje de granado con sus respectivos frutos; y sobre esta frondosa cornisa, reposan esferas y pirámides, cabezas de clavos, conchas de vieira, flores de lis, racimos de uva, bellotas..., y en los vértices, rematando, de vez en cuando aparecen parejas de animales encontrados. Y algún fraile sorprendido en una situación comprometida. También se puede ver un dragón, un pelícano al que le falta la cabeza, símbolo cristiano que representa a Jesucristo, un olivo, árbol vinculado a la Pasión, racimos de uvas (la eucaristía) y vieiras, conchas bautismales, leones con los ojos vendados y cerdos (estos animales se vinculan directamente con los judíos, ya que a los falsos conversos se les llamaba marranos), una cabeza de mono, otra de lobo y una cabeza humana de afilados rasgos y gorro cónico (la coroza o capirote que en los autos de fe llevaban los condenados por la Inquisición como señal infamante), otros lo identifican con el Bafomet.
  • Bajo el friso, recorriendolo de lado a lado, hay un modillón compuesto por gavillas de trigo y granadas, símbolos de la eucaristía y testimonio de que la Iglesia, gracias a su labor evangélica, es capaz de combatir el mal.
  • Las gárgolas de derecha a izquierda se van transformando en ménsulas, van perdiendo su forma de animales fantásticos identificados con el mal, convirtiéndose en objetos gracias al mensaje evangélico.
  • La cenefa es interrumpida por un hueco de arco apuntado cegado. Los huecos provisionales de obra son algo habitual durante la construcción de un edificio; luego se ciegan. También en la catedral de Jaén.
  • Gárgolas con cuerpos cubiertos de escamas, afiladas garras y sus fauces abiertas.
  • En este lateral se muestra un escudo del obispo Baltasar Moscoso y Sandoval (1619-1646). La dignidad cardenalicia se manifiesta mediante capelo y borlas de color rojo (gules). Se puede apreciar la policromía de los blasones del obispo.
  • Desde finales del siglo XVIII los retablos colocados en la Capilla de Santiago (Catedral. Capilla de Santiago) y la Capilla de San Fernando (Catedral. Capilla de San Fernando), las que flanquean a la Capilla Mayor (Catedral. Capilla Mayor), cegaron interiormente dos de las ventanas abiertas en la cabecera del templo.

El mono

  • Al llegar la cenefa a su fin, en el lugar en que la catedral hace ángulo con los bajos del Sagrario.
  • Allí donde, al hacer esquina, la comisa se retranquea y adelanta, para darle acceso a la cripta de la seo.
  • Se le conoce con el nombre popular del mono de la catedral.
  • No es animal sino hombre.
  • Con facciones rudas, la nariz partida, un gran mentón que probablemente fuera tina barbilla. Luce unas grandes orejas y una larga cabellera.
  • Esta sentado al modo oriental, esto es con las piernas abiertas y las plantas de los pies tocándose, reclinado hacia delante y dejando caer los brazos sobre el regazo, asiendo los tobillos.
  • Su cabeza está cubierta por un turbante musulmán, que hace caer sobre su espalda una capa sobre la que esá sentado.
  • La pose semeja a un musulmán en actitud de descanso.
  • Su cara esta deteriorada.
  • Por la situación en que se encuentra, en el sustento del edificio, podemos suponer que expresa una idea de triunfalismo de una religión sobre la otra, de derrota del Islam, cuya principal mezquita se encontraba emplazada en el mismo lugar que hoy ocupa la catedral.
  • Otras personas piensan que podría ser un judío cubierto por un rodete, gorro que caracterizaba a la comunidad judía en la Edad Media.
  • Entre la chiquillería jaenera se puso de moda apedrear la efigie. Hasta que alguien, inteligentemente y sin duda por preservarlo de una destrucción, difundió una leyenda sobre sus malignos poderes. Así se llego a creer que quien le tirase piedras al mono y acertarse a darle; acarreaba sobre sí y sobre los suyos temibles maleficios. Desencadenándose una sucesión de desgracias que acabarían primero con la felicidad de la familia y, después, con la salud de cada uno de sus miembros hasta llevárselos a la tumba. Pronto se cundió la creencia en los vengativos ademanes del mono. Y llegó, más que a respetársele, a temérsele. De tal modo caló el miedo que, cuando pasaban bajo su imagen no se atrevían ni siquiera a mirarlo. Pues creían que su hechizo aojaba con perversos maleficios.


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Página confeccionada por Francisco Miguel Merino Laguna
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