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Carboneros en la Provincia de Jaén
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Carboneros en la Provincia de Jaén. Chozas de rancheros en el monte" es Arturo Cerdá y Rico (finales del siglo XIX)
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  • Esta actividad que se ejerció hasta los años 60 del siglo XX en la provincia de Jaén, arrinconada por los nuevos productos derivados de petróleo y por la electricidad.
  • Produjo una indiscriminada explotación de los recursos forestales lo que originó un cambio de paisaje.
  • Los montes estuvieron protegidos por las ordenanzas municipales.
  • Las ordenanzas de Jaén de 1501, regulaban la forma de explotación de toda la leña existente en los montes públicos.
  • Las de Alcalá La Real de 1523, señalaban tres lugares donde se podían realizar talas. Además, instauran medidas para evitar la propagación del fuego.
  • En Huelma en 1509, es el duque de Alburquerque, él que cede los árboles cortados de las rozas para implantación de nuevos cultivos, para hacer carbón.
  • En Bélmez de la Moraleda, las justicias apresan a varios vecinos de Cabra del Santo Cristo, por romper tierras y cortar leñas en este término, sin el permiso debido.
  • En la ciudad de Baeza, el carbonero tenía que llevar un albalá (permiso) y enviar una sera de carbón a la justicia. Según sus ordenanzas, solo podían cortar 1 de cada 3 ramas de 1 vara de medir de alto para que los ganados no la puedan roer y así favorecer la renovación del arbolado.
  • Esta actividad, normalmente, ha sido un aprovechamiento comunal desarrollado en las tierras de propios municipales que eran arrendadas por los ayuntamientos a particulares para su explotación.
  • El proceso de arrendamiento se realizaba mediante la subasta (al alza). El remate final lo fijaba el Concejo. El pago del remate se realizaba en dos plazos, uno en febrero y otro para la Virgen de Agosto (día 15). Si el particular lo solicitaba podía formalizar el contrato en una escritura de obligación.
  • Se subastaba el arbolado de encina y quejigo de un grueso mayor al de una muñeca. Estaba terminantemente prohibido formar boliches en terrenos cultivados.
  • Además, los ganados, para su alimentación, podían aprovechar el ramón del arbolado sobrante de los boliches.
  • Son dos los oficios relacionados con la fabricación del carbón, el ranchero y el arriero, y el carbonero con la venta al por menor del mismo.
  • Los rancheros, eran las personas que desarrollaban sus tareas en la sierra. Eran los que cortaban las encinas o quejigos, formaban el boliche en la sierra y fabricaban el carbón.
  • La primera tarea era desmadrizar o cortar entre dos tierras los árboles. Una vez talados, la leña debía cortarse parejeta o de forma igual en sus dimensiones de largo y de grueso. A continuación se establecía la farja o lugar del boliche. La leña cortada se cubría con ramoniza o retamas con las ramas hacia arriba, y todo se cubría con una espesa capa de tierra. Seguidamente se realizaban los canales o respiraderos para que el boliche pudiera tomar aire. El último paso era prender fuego al boliche y vigilarle para ir tapando los agujeros que se producían. El arte o buen oficio estaba en la unión de palos y maderas, para no dieran llama y no se quemarán, pues el objeto era que el boliche fuera cociéndose durante 8 días aproximadamente.
  • Los rancheros cobraban la echua -¼ del precio de venta del carbón-. Recibía el hato, -que era todo lo necesario para su trabajo- y que se deducía del beneficio o echua. El control lo realizaban las mujeres respectivas mediante una caña partida, a la que se le iban realizando muescas, por cada será fabricada. Cuando se liquidaba la cuenta se juntaban las dos partes de la caña y debían coincidir las muescas.
  • Los rancheros vivían con sus familias en el monte, para lo que utilizaban dos chozas, una para las personas y otra para los animales.
  • Los rancheros fabricaban varias calidades de carbón. El canuto, constituido por trozos largos y finos, era el más apreciado. El cisco, formado por los trozos menudos.
  • Y por último, los tizos, trozos que no habían terminado de carbonizarse y que se guardaban para otro boliche.
  • El arriero, subía al monte y allí mismo, compraba el carbón vegetal. Lo pesaban con una romana y lo transportaban en seras. Armar las seras sobre la caballería era todo un arte y necesitaba de cierta práctica y maña. Una caballería cargaba 2 seras, que equivalían un peso entre 8 y 12 arrobas. Al llegar al pueblo, las seras se cargaban en carros para llevarlas a la ciudad y vender el carbón en las carbonerías o puestos de venta al por menor."
  • La fuente del Texto es Jorge Gonzalez Cano.

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