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Santería en la Sierra Sur de Jaén
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Santería en la Sierra Sur de Jaén - . Santo José Sánchez de Alcalá la Real
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  • A mediados del siglo XIX aparece por vez primera una persona conocida popularmente como «santo». Se trata de Manuel Toranzo, vecino de Castillo de Locubín, apodado santo Pasiego, al que en 1856 busca la justicia de Alcalá la Real, acusado de haber dado muerte violenta a un paisano.
  • No se tiene constancia de que practicara arte alguno de curar, conociendo tan sólo la referencia de sus rasgos personales, como que tenía 20 años de edad, bajo de estatura, el pelo negro, ojos melados, nariz corta, poca barba, cara redonda y vestido al uso del país (Boletín Oficial de la Provincia de Jaén, 8 de septiembre de 1856, nº 101).
  • Años más tarde, un joven agricultor llamado Luis Aceituno Valdivia y nacido en 1837, residente en el cortijo de la Zarzuela, situado en el corazón de la sierra de Valdepeñas, se revelará como sabio y santo.
  • Las noticias sobre su vida son muy vagas y provienen de un pliego suelto en el que un poeta anónimo recoge algunas escenas relacionadas con la adquisición de la gracia y con su entierro, adornadas con la fantasía propia del género.
  • Luisico el Santo o el santo Aceituno tenía fama de curar a personas y a animales de cualquier enfermedad, podía reconocer entre los verdaderos y los falsos devotos y era capaz de predecir catástrofes naturales como las tormentas.
  • Al casarse se estableció en el vecino Cortijo del Cerrillo de la Cima, donde se hizo un personaje tan popular en la comarca que en los carnavales de Alcalá la Real de principios de siglo se cantaban letrillas como ésta:
    Dejaros de boticas
    que saben tanto,
    que mejor os curará
    Luisico el Santo.
  • Luis Aceituno falleció en 1912, cuando contaba 69 años, siendo su cuerpo transportado a lomos de mula desde su cortijo hasta el cementerio de Valdepeñas.
  • Ya en su vida la gente tenía costumbre de visitarlo por su onomástica para felicitarlo y pasar unas horas a su lado. Al morir continuó la costumbre de velarlo la noche del 21 de junio, que ha permanecido hasta la actualidad, a pesar de hacer ochenta años que falleció. En esa noche se reúnen personas venidas de muchos lugares, pero sobre todo son vecinos de la comarca, que aún le veneran como su patriarca, los que se concentran en la despoblada aldea para pasar la velada en compañía de sus descendientes.
  • A poco de morir el santo Aceituno, un joven labrador llamado Custodio Pérez Aranda se declara su continuador. Vive en la aldea de la Hoya del Salobral, perteneciente al término municipal de Noalejo y a unos 10 km del Cerrillo de la Cima.
  • Conocía al santo Luisico y que lo visitaba a menudo.
  • En poco tiempo Custodio es consensuado popularmente como el nuevo santo de la comarca y la fama de sus milagros, difundida en numerosos pliegos de romances, atrae a mucha gente de procedencias muy diversas que demandan sus servicios.
  • Los métodos de curación que empleaba, similares a su antecesor, consistían en soplos, insalivaciones, imposición de manos y, sobre todo, bendiciones a las personas y a objetos como fotografías o papeletas de fumar.
  • Los que le conocieron dicen que no pedía más honorarios que el encomendarse a Dios y profesarle una fe ciega.
  • Pero no todo fue sosiego en su larga carrera como taumaturgo. Además de la penosa situación que le tocó vivir en los años de la guerra civil, en que hubo de probar durante cierto tiempo los sinsabores del presidio, Custodio tuvo que vérselas con la justicia al menos en dos ocasiones: La primera, promovida por la clase médica de Noalejo, que nunca vio con buenos ojos las funciones curativas que se desarrollaban en su anejo; la segunda, ya en los años postreros de su vida, la ocasionó cierta dama valenciana que se declaró públicamente hija natural del santo, lo que conllevó algunas averiguaciones en el juzgado comarcal, que demostraron las intenciones lucrativas de la presunta descendiente.
  • Falleció el 15 de agosto de 1961 y sus devotos cargaron a hombros con su cuerpo y atravesaron a pie la Sierra del Trigo hasta Noalejo, donde fue sepultado, atendiendo así su voluntad, no se sabe muy bien si para castigo del incrédulo municipio que se ve condenado de por vida a recibir a los múltiples devotos que han quedado tras su muerte.
  • Hoy su tumba se ha convertido en un centro de peregrinación para quienes creen en los poderes de Custodio más allá de la muerte, tal como él mismo vaticinó:
    Estas son mis oraciones,
    cúmplanse mis sentimientos,
    mi vida será sonada
    después de haberme yo muerto.
  • También ha quedado una fiesta equívoca en la Aldea Hoya del Salobral, la romería del último domingo de abril al Cerro de la Mesa, que es donde se encuentra la cueva (Cueva del Santo Custodio) donde Custodio oraba, a cuyas faldas se levantó tras su muerte un santuario que por imperativos eclesiásticos se ha puesto bajo la advocación de la Virgen de la Cabeza, rodeándose de cerca de veinte casas de cofradías de pueblos y ciudades de la comarca que tienen en común el profesar la doble veneración a su patrona y al santo Custodio.
  • Tras su muerte comienza a propagarse la fama de que un vecino de Castillo de Locubín, llamado Manuel López Cano, agricultor como los anteriores, realiza curaciones en su cortijo de la Aldea de Los Chopos.
  • Ya maduro, sostiene haber recibido la gracia por intercesión de la Virgen de la Cabeza en una revelación.
  • Denunciado en varias ocasiones y encarcelado, Manuel adoptó un estilo reservado en el ejercicio de su arte, caracterizado por un recelo constante hacia lo desconocido, por la negativa a divulgar su imagen, por un esfuerzo constante en preservar su intimidad.
  • La sala de espera pasó a la puerta del cortijo y los contactos con la gente sólo se hacían cuando estaba totalmente garantizada la fidelidad del grupo.
  • Entonces comienza a divulgarse la fama de que el Santo Manuel no sale en las fotografías, circunstancia que se ve reforzada por los intentos de los periodistas de apostarse en aquellos cerros para desde lejos captar infructuosamente una sombra de su imagen.
  • A los setenta y un años de edad y tras una penosa agonía falleció el que para muchos fue «el último de los profetas».
  • Antes de morir anunció a sus creyentes que su poder lo tendrían siempre, razón por la que su tumba, que se encuentra en la Aldea Ventas del Carrizal, es visitada a diario y de forma especial el aniversario de su muerte.

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Página confeccionada por Francisco Miguel Merino Laguna
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