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Guerra medieval
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  • Los ejércitos medievales fueron una mezcla de mesnadas nobiliarias, huestes reales y milicias concejiles (en Francia llamados sargentos).
  • Aquella sociedad eminentemente guerrera ligaba la existencia de todo hombre a su obligación de combatir personalmente y, como consecuencia, del vasallaje.
  • A título de ejemplo podemos decir que en el padrón de Alcalá la Real (1390) aparece como ballestero hasta el propio abad Ruy Fernández.
  • El feudalismo tuvo su nacimiento en la costumbre de los reyes germanos de repartir tierras entre sus hombres. Esta concesión los convertía en vasallos, lo que implicaba una prestación mutua de deberes.
  • Todo vasallo debía acudir a la guerra a la llamada de su señor, el cual le garantizaba la posesión de su feudo.
  • Los reyes, a la vez, eran señores de su propio feudo, cuyos vasallos integraban la llamada hueste real, a la vez que soberanos de los grandes señores que los acompañaban a la guerra al frente de sus vasallos (otros señores de menor rango), y así sucesivamente.
  • La disposición piramidal del vasallaje dio lugar a la jerarquización de los títulos: duque, marqués, conde, vizconde y señores (en Cataluña el título máximo era el de barón, aún cuando hoy, en la jerarquía nobiliaria, sea inferior al de vizconde).
  • En un principio los moradores del campo y las ciudades no eran considerados hombres de guerra, pero el creciente número de conflictos terminaron por incluirlos.
  • El otorgamiento de fueros a las ciudades determinaron su emancipación de la tutela señorial y del vínculo vasallático. La política de establecer ciudades libres se llevó a cabo por el interés de los monarcas en mermar el poder de la nobleza. En estas ciudades nacieron las milicias concejiles que, como las mesnadas feudales, concurrían a la guerra la llamada del rey.
  • Junto a mesnadas, milicias y hueste real, a partir del siglo XI, aparecieron unas tropas independientes de los reyes y de los nobles: las Órdenes Militares.
  • La propia naturaleza de estos ejércitos impedía afrontar largas campañas u operaciones complejas, por lo que una vez formados se buscaba un rápido desenlace presentando batalla en la primera ocasión propicia para ello.
  • Así, el contrincante más débil buscó la protección de los castillos o de las murallas de las poblaciones, con lo que las campañas tuvieron que prolongarse y sus operaciones se complicaron.
  • Mientras duró el reinado de la caballería las batallas se circunscribían a una lucha entre los jinetes, relegándose el papel de la infantería (peones) a proteger a la caballería.
  • Con el uso del arco y la aparición de la ballesta la estrategia debió ser cambiada ya que demostraron su eficacia frente a los hombres de armas (caballeros), lo que supuso el nacimiento de una infantería que combatía junto a arqueros y ballesteros.
  • Los ejércitos medievales eran bastante reducidos, no pasando casi nunca de los quince mil hombres. Por ejemplo en la batalla de Hastings (1066) los normandos eran unos siete mil; en la batalla de Ascalón (1099) los cruzados eran unos diez mil doscientos; en la batalla de Bouvines (1214) los franceses se cifran en unos diez mil; en Crécy (1346) los franceses eran unos doce mil; en Agincourt (1415) los franceses se estiman en veinticinco mil. Según las fuentes estas cifras oscilan bastante, pero si se toman las de las crónicas de la época, resultan cantidades astronómicas para el momento en que se produjeron, por lo que cualquier cifra tomada de ellas hay que valorarla con toda clase de cautelas. Por esto fue colosal la Batalla de Las Navas de Tolosa de 170.000 a 200.000 hombres entraron en combate.

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