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Historia de Córdoba
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Historia de Córdoba. Córdoba romana
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  • De los primeros pobladores de esta comarca se tienen vestigios en el subsuelo de Medina Azahara.
  • En diferentes excavaciones se han encontrado gran cantidad de piedras pulimentadas y otros instrumentos del Neolítico.
  • Ya, en el segundo milenio a. de C., se conoce la existencia de señores que eran enterrados en sepulcros colectivos (Colina de los Quemados).
  • Algunos autores marcan esta época como los inicios del latifundismo agrario cordobés.
  • La riqueza minera de la comarca comenzó a explotarse por los íberos antes de la llegada de los romanos. Restos de estas explotaciones los tenemos en Cerro Muriano. El bronce llamó la atención de cartagineses y de romanos.
  • Según la tradición, fue fundada por los fenicios sobre un antiguo asentamiento ibérico, instalando aquí un molino de aceite, un corteb, alrededor del cual se organizó un importante núcleo urbano.
  • Al igual que otras comarcas de Córdoba y de Jaén, Córdoba sirvió de escenario de las disputas de las dos grandes culturas del momento.
  • Córdoba fue la primera de las ciudades ibéricas en ser romanizadas, allá por el 206 a. de C. La ciudad mantuvo el nombre íbero, Corduba.
  • Al pretor Claudio Marcelo se le considera fundador de la ciudad.
  • La ciudad de Córdoba se sitúa en una interesante posición estratégica, sirviendo de paso obligado para acceder desde Hispalis hasta las provincias de la Meseta.
  • La ciudad adquiró el título de Colonia Patricia en el año 152.
  • Fue escenario de las luchas entre César y Pompeyo, y a consecuencia de ellas, la Bética se vió saqueada por ambos ejércitos y Córdoba fue totalmente arrasada.
  • Augusto reconstruyó la población y sus sucesores le devolvieron su antigua prosperidad.
  • Éste fue uno de los momentos cúlmen en la vida cultural de Córdoba, con la fundación de las escuelas griegas, preparatorias de un ambiente donde vió la luz el gran filósofo y senador romano Lucio Anneo Séneca, una de las grandes figuras cordobesas.
  • Cuando el imperio se cristianizó, con Constantino, en el siglo III, el gran obispo cordobés Osio pasó a ser el espíritu evangelizador. A él se le atribuye la fórmula de fe cristiana, el Credo.
  • Comenzó así un periodo de prosperidad que duraría hasta los inicios del S. XI.
  • Restos del paso de esta cultura es el fabuloso puente romano que aún une las dos orillas del río Guadalquivir.
  • En el S. V de nuestra era el debilitamiento del Imperio romano supuso la llegada de numerosos invasores llamados por la riqueza de la ciudad.
  • Los cordobeses, siempre fieles al Imperio, lucharon contra los visigodos y los godos hasta que Leovigildo conquista la ciudad en el año 572.
  • Córdoba pasó a depender de Toledo
  • Tras casi dos siglos de oscuridad llegaron los musulmanes.
  • Tomaron la ciudad sin apenas resistencia en el 711.
  • La capital de Al-Andalus pasó de ser en Sevilla, a Córdoba.
  • Desde el principio de su dominación, los árabes hicieron de Corthobah una de las capitales del Islam.
  • Se sucedieron veinte emires hasta el año 756, en el cual Córdoba decidió romper con el califato de Bagdad, de donde había sido expulsada la dinastía de los Omeya.
  • El príncipe destronado Abderramán I, llegó a estas tierras y fue elegido para regir este emirato, independiente políticamente de Bagdad.
  • Comenzó así la época de mayor esplendor para el Califato de Córdoba, así como para el resto de Andalucía.
  • El emir dotó a la ciudad de espléndidos edificios, de acuerdo con su importancia, e inicia las obras de la mezquita.
  • El reinado de Abderramán II en la primera mitad del siglo IX, se caracterizó por un extraordinario florecimiento de las ciencias y las artes. A él se debe la primera ampliación de la mezquita.
  • Al comienzo del siglo X, Abderramán III decidió la emancipación total de Bagdad, proclamándose califa -suprema potestad religiosa y civil- fundando el estado independiente: el Califato de Córdoba que comprendía toda la superficie peninsular desde la línea del Duero hasta las costas del Atlántico y del Mediterráneo.
  • El nuevo califa hizo de Córdoba la gran capital de occidente donde florecieron las artes, las ciencias y las letras, irradiando a toda Europa sus enseñanzas, entre las que destacaron las primeras traducciones de los filósofos griegos, cuyos escritos se recuperían, así, para la cultura occidental. De esta manera el legado de la cultura griega, pasó a Europa a través de Córdoba y de la escuela de traductores de Toledo.
  • En este magnífico siglo X apareció la gran pléyade de hombres ilustres que Córdoba ha dado a la historia, en cualquiera de sus razas o confesiones y en multitud de ciencias: la filosofía, la poesía, la medicina, la geografía, la astronomía, la historia.
  • Entre todos ellos debemos destacar al musulmán y aristotélico Averroes y al judío reformador mosaico del hebraísmo: Maimónides. Con ellos se completan las cuatro grandes figuras del pensamiento: Séneca en el pagano mundo clásico, Osio en el cristianismo, Averroes en el islamismo y Maimónides en el hebraísmo.
  • Se construyó la magnífica Mezquita, el palacio de Medina Azahara, puentes, colegios, alcantarillado, baños, etc.
  • Por otro lado, los monarcas se procuraron la compañía de los hombres más sabios del mundo conocido.
  • La población, de muy diversas razas y religiones, alcanzó el millón de habitantes a finales del S. X.
  • Este esplendor llamó la atención de todas las culturas de occidente.
  • Una inmensa legión de artesanos trabajaban los metales preciosos, los marfiles y los cueros -los famosos cordobanes-, los tejidos y los bordados y otras muchas artes industriales convirtiendo a Córdoba en un emporio de riqueza, centro de un comercio que alcanzó los más lejanos países.
  • En este reinado, el hijo del califa Alhakem II llevó a cabo la segunda ampliación de la mezquita.
  • La muerte de Alhakem II, en el año 976, dejando como heredero a su hijo Hisam II, niño de 11 años dominado por Almanzor, ambicioso e inteligente caudillo, marca el principio de la decadencia del califato, que se mantiene aún con la fuerza y el poder de Almanzor, quien realiza la última ampliación de la mezquita, completando así los 23.000 metros cuadrados de superficie que hacen de ella una de las mayores del mundo. Su techumbre está sostenida por 850 columnas y tiene capacidad para 30.000 fieles. Posteriormente, en tiempos de Carlos I se construyó en el centro de la mezquita una catedral barroca cristiana.
  • A la muerte de Almanzor las grandes ciudades se declararon independientes, con el consiguiente fraccionamiento del Estado en los llamados reinos de taifas, lo que facilitó a los reyes cristianos la reconquista de las tierras aun islamizadas.
  • Ni la venida desde África de los almorávides primero, ni la de los almohades después en ayuda de los árabes de Al-Andalus, consiguió reducir el ímpetu de los cristianos.
  • La gran victoria de la Navas de Tolosa, en 1212 trajo como consecuencia la conquista de Jaén, Sevilla y Córdoba.
  • Ejércitos del norte de África, reyes de los reinos taifas de alrededor de Córdoba y los reinos cristianos del norte se disputaron Córdoba hasta que, en 1.236, Fernando III conquistara definitivamente la ciudad.
  • La inercia hizo que la ciudad, cerca de la frontera del reino de Granada, aún fuera lo suficientemente próspera como para construir decenas de iglesias en un estilo típico de la Córdoba de los siglos XIII y XIV.
  • Entre el S. XIV y el S. XIX, a pesar de acontecimientos aislados, Córdoba se sumió en la más profunda oscuridad.
  • La industria del labrado del oro y el comercio de productos agrícolas, mantenían con vida la ciudad.
  • La heroica resistencia de los cordobeses al ejército francés supuso el fin del avance de las tropas invasoras hacia el sur.
  • A finales del S. XIX y principios del S. XX, el ferrocarril y la minería supusieron una buena fuente de riqueza, reflejada en la cantidad de edificios que se construyeron, destacando entre estos el Gobierno Civil o la Facultad de Veterinaria.


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