Capitulación de Arjonilla. InicioWEB personal con 30.938 páginas, 127.473 imágenes
 Inicio 
 Sitios 
 Setas 
 Otras 
Sitios > Provincia de Jaén > Torres
Capitulación de Arjonilla
ImprimirInformaciónMandar
Escucha este texto[Escucha este texto]
La capitulación de Torres se hizo en Arjonilla y se autorizó el 4 de febrero de 1486 por Frey García López de Padilla, Maestre de caballería de la Orden de Calatrava y firmado por su secretario Juan de Villasán, y fue motivada porque el Concejo, Alcalde, Regidores, Oficiales y hombres buenos de la villa de Torres se quejaban de los agravios que les infería Frey Juan de Mendoza, Comendador de ella por el expresado Maestre. 

El Comendador y los representantes populares fueron llamados a Arjonilla y después de oídos se acordó la capitulación. Quedaron confirmados los privilegios y concesiones hechos a Torres por los comendadores anteriores. 
 
Se anuló una carta del anterior Maestre y se estableció el día de San Juan para reunirse los vecinos y se eligieran Alcalde, Alguacil, Jurados, Mayordomos y oficiales, y que presentada la lista al Comendador, este elija un Alcalde y otro el Concejo; y así mismo el Concejo los demás oficiales. 
 
Todos los oficiales entenderían en primera instancia; en Comendador en segunda, y en las resoluciones contra éste que se apelare ante el Maestre de la Orden. Se prohibió que el comendador ordenase a los vecinos servirle en guerra y si en sus haciendas con sus personas y acémilas, y que llevasen aquellos cartas que él les ordenare. Sólo lo harían por orden del Maestre y con la del Comendador en caso de rebato, "según se suele fazer é se faze en todos los lugares de la frontera". 
 
Sólo servirían al Comendador en sus haciendas por su gusto o pagándoles su trabajo. 
 
Llevarían cartas si fuesen para el Maestre, por cosas que cumpliesen a su servicio. 
 
Cuando los vecinos trabajasen en cuadrilla en las obras del castillo, de los molinos, de las casas de "fornos" u otras posesiones de la Orden, sería necesario pagarles a los peones ocho maravedíes, a los muchachos cuatro y por el asno otros cuatro. 
 
Si el Comendador necesitaba peones para sus propiedades debía pagarlos previo contrato con los interesados. 
 
La costumbre de traer vino para la guarnición del castillo continuaría, trayendo cada acémila una corambre, pero dando el Comendador un hombre de ayuda y pagando el mantenimiento de éste o pagando el salario del vecino, dueño de la caballería. 
 
Las piedras para los molinos serían compradas de las canteras del pueblo. El Comendador daría, además de pagarlas, maestros y oficiales para extraerlas. Igualmente pagaría los materiales para hacer las casas de los molinos, o para techarlas de tejas o retama y los jornaleros del maestro y albañiles, pero sería obligación de los vecinos el acarreo de los materiales. 
 
Lo propio dispuso en cuanto a las obras del horno y que se concertaren el comendador y el Concejo sobre los días de cocción del pan para que por causa de unos no padeciesen hambre otros. 
 
Que el Comendador no apartase para él terrenos de pastos y que en todo el término pudiesen pastar los ganados de los vecinos, sin que por ello fuesen presos ni castigados. 
 
Que hubiere información sobre la corta de maderas, venta y utilización de ellas, quema de las mismas para hacer carbón e impuestos que por ambas cosas cobraba el Comendador. 
 
Que se abriese información para depurar si era cierto que la dehesa del Concejo "que es desde la passada del Barranco Hondo, fasta la Senda Somera y el Puerto" la vendió el Concejo a los vecinos de Ximena y el Comendador se la apropió y tomó el importe de la venta, para venderla él a quién quisiera y lucrarse con su valor. 
 
El pueblo tenía una dehesa en el río del Casar, que había permutado con otra del Comendador por ser aquella en lugar peligroso por la vecindad de los moros. Conquistado Cambil y desaparecido aquel peligro, algunos vecinos sembraron la dehesa y el Comendador cobró diezmo y terrazgo y utilizó los rastrojos. 
 
En la capitulación se ordena que se deshaga el troque y que cada dehesa vuelva a poder de su primitivo propietario, alzado cada uno lo que en ella hubiere sembrado. 
 
Que sólo se cobraran tres blancas por cada buey, res o puerco que salga del término, y no el medio real que aumentaba el Comendador, con lo que retraía a los ganaderos que no acudían allí a hacer sus transacciones. 
 
Que los vecinos pudieran sembrar sin dar tributo alguno y que en lugar de abonar los compradores forasteros cien maravedíes por carga, "que es el agravio mayor que en toda la tierra se recibe" abonen sólo por cada carga veinticuatro maravedíes. 
 
Que el Comendador no imponga penas a carniceros, pescaderos, taberneros y panaderos, por ser función propia del Concejo, y que el Concejo no imponga aquellas que no hubieran sido autorizadas por los anteriores comendadores. 
 
Que el Comendador tuviera para pescar en el río "desde el Badillo que pasa por el camino de Jaén hasta la Presa" y en lo demás que sea para pescar el pueblo. Facultad para tomar semental de convecino en caso de que él que el Comendador ofrecía fuera flaco o viejo y tal que no fuese bueno para ello. 
 
Que fuesen juntos los ganados del Comendador y los de los vecinos pero que aquel pague a los guardas y estos no tengan que pagarle las reses que mataren o se llevaren los lobos. 
 
Quejábanse los vecinos que el día de Pascua de Navidad y el de Carnestolendas daba cada uno al Comendador un par de gallinas y que por cada una de aquellas pagaba seis maravedíes y que además les obligaba a vender las pollas a cuatro y los pollos a tres. Se capituló que se entregaran al precio señalado las gallinas en aquellas dos fechas, pero que de otras se concertare el precio corriente. 
 
Los guardas del monte los pondría el Comendador y los de las Dehesas el Concejo. 
 
En la llamada huerta de Pulpite, en el río, sólo podrían cortarse maderas para arados, angarillas y horcas para coger el pan pero no por los forasteros. 
 
Se autorizó libremente a los vecinos, para la utilidad de sus casas, la corta de madera de pino y de tejo y la caza de puercos jabalíes y osos. 
 
Con esto y con la penalidad de diez mil maravedíes a cada parte que quebrantase lo capitulado quedó la concordia hecha. 


Contadores
Página confeccionada por Francisco Miguel Merino Laguna
Ver 2-19041001