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Historia de Torres
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  • En el término de Torres se encuentra uno de los testimonios más antiguos de la presencia del hombre en la provincia, las pinturas rupestres de la Cueva del Morrón, de época Paleolítica.
  • La ocupación más antigua para esta zona se remonta al Paleolítico Final, en el período Magdaleniense, con una cronología entre el 15.000 y el 10.000 antes de Cristo, momento al que pueden adscribirse las pinturas rupestres localizadas en la cueva del Morrón.
  • El núcleo urbano de Torres debió tener su origen entre los siglos VIII y IX, en una de las numerosas alquerías o aldeas, que según las fuentes árabes poblaban la zona de Sumuntan (Sierra Mágina).
  • De forma semejante a lo ocurrido con otras zonas de Sierra Mágina, en época islámica el término de Torres aparecía poblado por pequeñas aldeas o alquerías (qura) situadas en los márgenes del río Torres, lo que facilitó el desarrollo de una agricultura de irrigación, organizada en terrazas, en la que se cultivaban productos hortícolas, junto a cereal y olivo. Cultivos que según los textos escritos, aún predominaban a finales del siglo XV. Estos núcleos rurales utilizaron como refugio común (Hisn) un asentamiento emplazado sobre un punto estratégico de la ladera suroeste del Aznaitín, posiblemente reutilizando antiguas estructuras de fortificación iberorromanas. Quizás a ellas haga referencia el topónimo de Turrus (torre), y que como han señalado M. Jiménez y T. Quesada se trata de un nombre preárabe que podía identificarse con el lugar de asentamiento de una población muladí, la cual tras ser islamizada y mezclarse con los nuevos grupos árabes, conservó su antigua denominación romana.
  • De hecho, algunos asentamientos de la zona permanecieron habitados de forma ininterrumpida desde época romana, como lo confirman los restos arqueológicos documentados en el yacimiento de las Ventillas, donde se han localizado algunas tumbas antropomórficas excavadas en la roca de claras características visigodas (siglos V-VIII después de Cristo).
  • Todos estos datos nos muestran la presencia de un importante sustrato de población indígena (muladíes) habitando estas tierras en época emiral (siglos VIII-X después de Cristo).
  • Como ha puesto de manifiesto M. Salvatierra, la mayor parte de las fortificaciones de esta zona de sierra quedaron integradas en el territorio perteneciente a los Banu Habil, rebeldes muladíes que a finales del siglo IX y principios del X rechazaron la autoridad del Emir Abd Allah.
  • El propio municipio de Torres pudo constituir uno de estos castillos rebeldes, que finalmente fue sometido por el Emir Abd al Rahman III durante la llamada campaña de Montilun.
  • Posteriormente, la proximidad de los ejércitos cristianos al Valle del Guadalquivir, provocó una intensa reestructuración de sus elementos defensivos, proceso que alcanzaría sus cotas más altas tras la consolidación en Sierra Mágina de la Frontera con el reino Nasrí de Granada.
  • Por su localización, en zona de frontera entre musulmanes y castellanos, tuvo una edad media muy azarosa, varias veces conquistada por unos y recuperada por los otros.
  • Torres quedo integrado por orden de Frenando III el Santo dentro del alfoz de la ciudad de Baeza tras conquistarlo en 1231 y permaneció sujeto a su jurisdicción hasta el año 1285 cuando el rey Sancho IV el Bravo lo dono a la Orden de Calatrava.
  • La Sierra de Mágina, que separaba las tierras castellanas de las musulmanas, protegía de forma natural el enclave de Torres; no obstante, la importancia de su carácter estratégico venía representado porque guardaba uno de los pasos que cruzaban la sierra y desembocaban en tierras enemigas.
  • Para su defensa, Torres contaba con un castillo.
  • La Orden emprende importantes obras de fortificación, construyendo un nuevo alcázar, que convierte en la casa de la encomienda y residencia del Comendador y edificando una muralla defensiva que circundara el núcleo de población.
    De ambos, desafortunadamente poco se conserva a excepción de los restos en el Reloj de la Muralla, pero sí en numerosas referencias recogidas en los libros de visitas de la Orden de Calatrava de finales del siglo XV.
  • En un principio Torres y Canena formaban una sola encomienda, que desaparece a finales del siglo XV, al incrementar la Orden de Calatrava sus posesiones en la zona de Sierra Mágina.
  • En 1434 el rey Juan II la entregó a la Orden de Calatrava por la permuta efectuada por don Luis de Guzmán, Maestre de Calatrava, de los poblados de Maqueda, San Vicente y Colmenar por los núcleos de Arjona, Arjonilla, la Figuera, Recena y tres cuartas partes de Jimena configuró el territorio de la encomienda de Torres, Canena y el Heredamiento de Recena.
  • Su carácter de fortaleza podemos constatarlo por el aprovisionamiento de armas que todavía en 1492 maLa ocupación más antigua para esta zona se remonta al Paleolítico Final, en el período Magdaleniense, con una cronología entre el 15.000 y el 10.000 antes de Cristo, momento al que pueden adscribirse las pinturas rupestres localizadas en la cueva del Morrón.
    ntenía.
  • Durante el siglo XV Torres fue campo de batalla entre los Maestres de esta Orden y los partidarios de Enrique IV, encabezados por el Condestable don Miguel Lucas de Iranzo.
  • Según las Crónicas en una de las correrías del Maestre de Calatrava, don Pedro Girón, se sirvió de la villa de Torres para refugiarse con ochocientos rocines, en sus correrías contra el rey y su condestable.
  • Refugio que fue utilizado seis años después por don Juan de Mendoza Comendador de la Peña de Martos y de Torres e Ximena, en sus algaradas contra los moros de Granada.
  • Conforme fue avanzando la conquista y Torres se fue alejando de la frontera, las condiciones de inseguridad fueron desapareciendo, lo que trajo consigo un aumento poblacional.
  • Sobre el origen de los pobladores, Ignacio Ahumada argumenta que podrían proceder de Cuenca, Valencia y el área catalana, basándose en la existencia de la palabra rosoli denominación de un licor de gran arraigo en la provincia de Jaén, por tanto, no descarta que el vocablo migrara de la zona de Levante y Cuenca hasta Jaén, por lo que respecta a Torres, en la documentación consultada el uso del licor es frecuente que aparezca en cualquier tipo de festejos que la villa de Torres celebraba, así lo hemos constatado al menos desde el siglo XVIII.
  • En 1460 la población de Torres había experimentado tal aumento demográfico que fue preciso que las casas se construyeran fuera del recinto amurallado.
  • La vida para los habitantes de la localidad bajo el mandato de los comendadores no fue fácil, sobre todo bajo el mandato del comendador don Juan de Mendoza, que hasta tal punto extremo su tiranía sobre los habitantes y les infirió tales agravios y opresión, que en 1486 el Concejo expresó su descontento al Maestre de la Orden, consiguiendo que se firmase por ambas partes la llamada Capitulación de Arjonilla.
  • En virtud de estas capitulaciones se delimitaron los derechos y obligaciones recíprocos y se confirmaron los privilegios hechos a la villa por la Orden de Calatrava.
  • Esta capitulación fue un triunfo de los Concejos españoles sobre el poder de las Ordenes.
  • La ganadería fue la primera actividad económica que se realizó porque el ganado podía trasladarse de un lugar a otro cuando el peligro fronterizo lo recomendase. El término contaba con buenas tierras de pastos que eran adehesadas para su explotación. A finales del siglo XV tenemos noticias de la existencia de al menos dos dehesas.
  • También se explotaba la corta de maderas y el carbón que de su quema se sacaba.
  • Otro aprovechamiento era la caza, fundamentalmente de osos y jabalíes.
  • Entre las actividades artesanales hay que destacar la fabricación de tejas, producción de lino y la transformación de productos agrícolas para lo que existían varios hornos y molinos.
  • En las zonas cultivadas predominaban los cereales, viñas y olivar.
  • Sin olvidar las excelentes huertas que, regadas por el río Torres, ya producían buenas frutas y hortalizas.
  • Sobre las manifestaciones religiosas, a comienzos del siglo XVI, tenemos constancia de la existencia de tres ermitas: Santa María de la Fuensanta, San Nicasio y Santa María del Rosel, y ya estaba arraigada la devoción a la Virgen de la Cabeza.
  • También la asistencia social, ligada a una cofradía de religiosos instalada en la localidad, está representada por la existencia de un hospital para acoger a los pobres.
  • El crecimiento del la población no se detuvo, y en la visita que la Orden realizó a Torres en el año 1500, en ella el visitador ordenó que se construyeran algunos edificios con el fin de que se configurara un espacio abierto, fuera del recinto amurallado, que sería la actual Plaza del Ayuntamiento y en la que se construyeron varios edificios públicos, un pilar y un rollo o picota.
  • La administración del Maestrazgo de las Ordenes Militares fue encomendada a los Reyes Católicos con el compromiso de que sus bienes no fuesen enajenados, pero las necesidades económicas de Carlos V impidieron que el pacto se respetara, de modo que el monarca procedió a vender los territorios de la Orden.
  • En 1538 Carlos V vendió Torres a su secretario Don Francisco de los Cobos, gran mecenas del renacimiento en Ubeda y su comarca. Así que en 1539 adquirió las villas de Torres y Canena por 21.796.316 maravedíes.
  • El 24 de junio de 1539 se reunió por primera vez el Cabildo Municipal de Torres bajo influencia de Cobos. En él se procedió a la elección de Oficios Municipales. Los cargos recayeron en las siguientes personas: Diego Sánchez de Quesada fue nombrado Alcalde Mayor, Juan Marín y Luis Fernández de los Morales Alcaldes Ordinarios, Juan López Alguacil y Sebastián Ruiz Mayordomo. Después todos los oficiales se dirigieron a la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, y allí les fueron entregadas las varas de mando de manos del Deán de Málaga que las entregaba en nombre de Francisco de los Cobos.
  • De 226 vecinos que tenía Torres en 1535, en 1561 pasó a tener 338.
  • La devoción que más enfervorizó a los torreños fue la venerada al Cristo de la Vera Cruz. Al menos desde 1554 tenemos noticia de la existencia de la Cofradía, pues en ese año encargaron la talla del Cristo, que sería esculpida en madera de sauce por el entallador renacentista Juan de Reolid. A este Cristo recurrían para implorar todo tipo de milagros, pero sobre todo para implorar la lluvia que habría de regar los campos. La población llegó a identificarse de tal forma con este Cristo que generación tras generación se ha ido renovando su devoción. Durante el siglo XV fue el Cristo que socorría y ayudaba a los jornaleros con milagros que tradiciones y leyendas han ido manteniendo.
  • En 1565 los propios Marqueses de Camarasa concluyeron las construcciones de su vivienda palacio y del puente, que se conoce como La Puente, que facilitaría el paso a sus molinos de la sierra y que realizara el gran Maestro Andrés de Vandelvira.
  • Desde esas fechas la localidad formó parte del extenso señorío de Don Francisco de los Cobos, y después de sus descendientes, los Marqueses de Camarasa, hasta la extinción de los privilegios señoriales en 1812.
  • La Virgen de la Cabeza, advocación mariana que arraigó fuertemente en la población. En 1565 los devotos ya tenían organizada su cofradía y acudían a la romería que anualmente se celebraba en Andújar para rendir culto a la Virgen. 19 años más tarde iniciaron la construcción de una ermita en las afueras de Torres, cerca de la Pila Pellenda, lo que les permitió organizar su propia romería.
  • Juan del Castillo Faxardo, escribano del concejo, que allá por el año de 1688 pretendía aliñar a Doña Lucía de Monrroy, mujer con la que pretendía casarse, pero a la que no conseguía enamorar. En busca de su felicidad contrató los servicios de dos mujeres con fama de brujas, Lucía Muñoz, Catalina de Vílchez, e Isabel Rodríguez. La documentación, según datos de Manuel Amezcua, las describe como mujeres de mala Vida calificándolas de adivinas, curanderas y santiguadoras. Estas mujeres se valieron de todo tipo de ensalmos, conjuros, supersticiones y hechizos para embaucar a doña Luisa, convirtiéndola en una especie de reliquia a juzgar por los artículos que de ella requerían las brujas. Por ejemplo, los criados de doña Luisa, en connivencia con las hechiceras conseguían trozos de sus vestimentas y sobre ellos se hacían los correspondientes conjuros. Sin embargo, el posible amor de Juan del Castillo no triunfó. Junto a las tres mujeres a las que también recurría para perpetuarse en el cargo de escribano, fue acusado de ejercer hechicería y los cuatro fueron encarcelados.
  • En 1754, el Cabildo Municipal, al detectar una plaga de orugas en los montes y encinares del término, y puesto que en años anteriores se expulsó el mismo mal recurriendo a conjuros y maleficios, pidieron licencia al prior de la parroquia para poder servir a Dios nuestro Señor a través de conjuros, para que les librara de ese mal. Entendían, por tanto, la plaga, como un castigo divino y deberían contentar a Dios ejecutando fórmulas que hicieran remitir la ira divina por los pecados cometidos por la población. Con el beneplácito del prior, unos exorcistas se desplazaron al campo acompañados de las cabalgaduras que llevaban la comida, bebida y todos aquellos enseres que les serían útiles durante el tiempo que permanecieran en la sierra realizando sus trabajos, por lo que cobraban sus respectivos salarios que eran sufragados por el Ayuntamiento.
  • Como refiere Pascual Madoz, las fuertes lluvias de primeros de septiembre de 1843 terminaron provocando una gran avenida de agua que causó graves daños a la población.
  • A mediados del siglo XIX contaba con 2.292 habitantes (592 vecinos), con 420 casas, se distribuían en torno a unas 10 calles y una plaza, donde se ubicaba la casa consistorial y el recinto destinado a cárcel. Edificios a la que se le sumaban, la existencia de una pequeña escuela de primeras letras para niños y otra para niñas, así como la iglesia de Santo Domingo de Guzmán. Y la presencia de dos ermitas ruinosas dedicadas a la Virgen del Rosel y a San Sebastián y un cementerio emplazado en paraje ventilado.
  • En 1900 tenía una población de 3.577 habitantes.
  • Esta relación se compone de caídos en acción de guerra y asesinados durante la Guerra Civil (Fuente http://heroesymartires.blogspot.com.es):
    Antonio Utrea Cobo
    Blas Rojas Ventura
    Francisco Cejudo Rodríguez
    Pedro Moreno Peñas
    Julio Barthe Moreno
    Francisco Moreno Cobo
    Antonio Moreno Montesinos
    Valentín Melgarejo Garzón
    Rafael Sánchez Castillejo
    Lucas Lorite Hidalgo
    Blas Moya Raya
    Manuel Cózar Fernández
    Pedro Sanjuan Morales
    Andrés Hermoso Catena
    Antonio Catena Lorite
    Narciso Espinosa Herrera
    Manuel Fernández López
    Martín Pajares Ríos
    Manuel Aguila Moreno
    José Pajares Sánchez
    Jesús Hermoso Torres
    Martín Garrido López
    Benito Cobo Espinosa


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