Se trata de una cabeza de toro pintada en negro sobre una pared rocosa.
Según la leyenda, una cabeza de toro pintada en una pared rocosa situada aproximadamente a mitad del recorrido conmemora un enfrentamiento entre Benaocaz y Ubrique que terminó en una batalla a pedradas. Todavía hoy los transeúntes tiran piedras a la imagen, con la esperanza de atinar para que se cumpla así un deseo.