El coro encargado por el Obispo Alonso Suarez Obispo Insepulto. Tiene su retrato esculpido en el coro así como su escudo.
La notable fábrica de obra que construye y finaliza en 1736, José Gallego y Oviedo del portal, un arquitecto discípulo de Churriguera, dentro de la estética del barroco española, aunque en cierto modo manteniendo todavía la impronta renacentista.
Aquí se ubica en el siglo XVIII, cuando se finaliza esa fábrica, la sillería de madera, que entre 1510 y 1519, realizan Gutiérrez Guerrero y Juan López de Velasco por mandato y con la financiación del obispo Alonso Suarez de la Fuente del Sauce. El programa iconográfico del coro se debe fundamentalmente a las indicaciones del obispo Alonso Suarez de la Fuente del Sauce, que siendo presidente del Consejo Real, divulgó y contribuyó a la difusión de uno de los libros más importantes del espiritualidad de la época, a que era la Vita Cristi, la Vida de Cristo, de Ludolfo de Sajonia. En esa Vita Cristi, en esa Vida de Cristo conforme se va haciendo la descripción de la Vida del Salvador, justo en paralelo se colocan los episodios del antiguo testamento que en cierto modo anuncian, profetizan de manera anticipada lo que sería la Vida de Cristo.
En el siglo XVIII, en 1746 completarán Julio Fernández y Miguel Arial.
En la sillería parecen los relieves del nuevo testamento y justo encima en lo que se conoce como Guardapolvo (cornisa corrida que corona TODA la sillería alta por arriba) y el Baldaquino (respaldo alto que sobresale de cada silla alta), está la serie del antiguo testamento que anunciarían lo que luego se cumplió en la serie del nuevo testamento.
Resulta muy difícil, por no decir imposible, averiguar de quién es cada talla.
Están perfectamente integrados sus dos etapas de elaboración y sus dos estilos.
El Coro está realizado en Nogal.
En sus medidas es excesivamente largo en relación a su anchura y altura, debido al número de sillas que han de colocarse, 53 en la sillería baja y 69 en la alta (122 en total), todos ellos tallados con motivos bíblicos.
En 1522 se realizó el finiquito del pago de la Sillería de los Canónigos del Coro de la Catedral de Jaén. Sin embargo, la Sillería no estaba todavía terminada, en el sentido de que el Ayuntamiento de la Ciudad exigía una y otra vez tener derecho de asiento propio en el coro para poder participar así en un sitio estable en las frecuentes celebraciones litúrgicas a las que era invitado. Por eso, el cabido de la Catedral, cinco años después, junto con el entonces obispo de Jaén el cardenal Don Esteban Gabriel Merino, determinaron hacer lo que se le conoce habitualmente como banco o Sillería de los Caballeros.
La obra fue encomendada al escultor y arquitecto murciano Jerónimo Quijano, que, sin embargo, no llegó a concluir la obra. Fue encomendada, entonces, para su finalización, al que había sido el artista que había realizado la mayor parte de los relieves de la Sillería de los Canónigos, Gutierre Gierero, aunque ayudado por Fernando Cáceres y Miguel Resinas.
Desde el punto de vista iconográfico, los relieves en los que se inspira el artista están tomados de escenas de los evangelios apócrifos del ciclo de la infancia de la Virgen María y del ciclo de su asunción. El banco que pega justo a la nave de la epístola representa escenas de la vida de la Virgen en sus primeros años, desde su concepción milagrosa con el abrazo de San Joaquín y San Ana en la Puerta Dorada hasta su consagración en el templo, prácticamente ya para poner a la Virgen en las puertas de su desposorio con San José, que sería justo donde arranca la Sillería de los Canónigos. Los relieves superiores están también marcados por el inicio de la historia de la salvación, puesto que representan por un lado la creación del mundo, la creación de Adán y Eva, de los astros, etcétera, etcétera, y mientras que en la zona de Limítrofe con la nave del Evangelio están representados también alguna de las escenas en relación con los últimos días de la vida de la Virgen.
Se separa del crucero por una gran verja de hierro.
Los muros que lo cierran tienen en su remate una cornisa sobre la que corre una baranda de piedra.
La decoración interior de las puertas que dan acceso al coro combinan orden orden dórico y detalles churriguerescos.
Las puertas laterales del coro que dan a las naves de la Catedral hay dos alusiones a la Asunción de la Virgen a los cielos. En una puerta encontramos una antifona clásica de las vísperas de esta fiesta: Assumpta est Maria in caelum Gaudent Angeli. Y en su puerta frontal, el texto de un motete de Cristóbal de Morales, escrito para la Asunción de la Virgen. Exaltata est Sancta Dei Genitrix, super choros angelorum.
La sillería se divide en dos partes y se asienta sobre las tres paredes del recinto.
Las tallas son renacentistas y de estilo Berruguete.
Sobre las diminutas pilastras que dividen las sillas hay pequeñas estatuas.
Cada sitial tienen además de los adornos tallas en el asiento y bajo el asiento, y dos cuadros en talla sobre motivos religiosos.
En su sillería alta ofrece una extensa presentación de la figura de Cristo, conjugada con diversas figuras del Antiguo Testamento que aparecen en el guardapolvo. Coronando la sillería alta,
62 tablas con escenas del Antiguo Testamento.
En varias escenas dedicadas al Nuevo Testamento pueden verse imágenes de judíos con la característica rodela, un distintivo circular que servía para señalar a los miembros de la comunidad hebrea en tiempos medievales y que se les obligó a portar en determinados periodos.
Las figuras zoomorfas de los pasamanos servían para el control de las pasiones.
Al Coro se accede por la "vía sacra" que lo une por
doble baranda al Altar Mayor, o por cuatro puertas, de dos en
dos, en los laterales. Las dos primeras al final de la sillería
para las autoridades civiles. Cada puerta tiene además otras
tres, más la que da al exterior: de las dos del interior, la de
la derecha, da a una estancia o cuarto trastero, y la de la
izquierda lleva a una escalera de caracol que sube a la
balaustrada.
En el suelo hay sepultados trece obispos.
El día 3 de agosto de 1936 se transformó en prisión la Catedral de Jaén (Catedral. Prisión). Agrupados por familias o procedencia, el mismo día de su apertura, a su llegada, y trasladados desde la prisión provincial, hacen una pintada en el Coro de la Catedral los vecinos de Villanueva de la Reina familias García Polo, Peinado García y Martínez Morales, convictos en la misma habitación junto a Jerónimo Gallego Herrera, Manuel Fuentes Casado y el vecino de Cazalilla José Molina Urbano, que fue el primero en abandonarla liberado el día de año nuevo de 1937. La noche del 3 de abril de 1937 solo quedó en aquella celda del Coro José Peinado García. Tras el bombardeo de Jaén, con la excusa de evacuar la Catedral y dedicarla a museo, o utilizarla como refugio, con el pretexto de que los fascistas no la bombardearían, aquel día las lonjas de la Catedral fueron tomadas por la fuerza publica y milicianos. A las 21:30 después de tocar silencio volvieron a tocar diana mandando formar a los 9 restantes convictos del Coro. Junto a otros 36 prisioneros fueron conducidos engañados creyendo iban a ser trasladados a la Prisión Provincial. En la lonja norte junto al Sagrario fueron registrados, desposeídos y atados de dos en dos hasta una abarrotada Plaza de Santa María. Desde allí fueron conducidos a las tapias del cementerio de Mancha Real donde fueron fusilados. El día 6 se intento una nueva saca que los presos amotinados evitaron.