Fue una antigua institución benéfica y asistencial de gran importancia histórica, estrechamente vinculada al desarrollo económico y social de la villa durante los siglos XVII y XVIII.
Este antiguo hospital, conocido en distintas épocas como Hospital de la Vera Cruz o de la Sangre de Cristo, se financiaba principalmente gracias a obras piadosas. Curiosamente, parte de sus ingresos procedían de los beneficios obtenidos en las casas de comedias y representaciones teatrales locales que organizaba el pósito municipal.
Durante el siglo XVIII, bajo el reinado de Felipe V y posteriormente con los privilegios otorgados por Carlos III, la próspera Real Fábrica de paños de Grazalema contribuyó de manera directa al restablecimiento y mantenimiento económico del hospital, destinado al "alivio de los pobres y desvalidos".
Se proyectó y mantuvo en zonas apacibles del municipio para cumplir sus funciones de enfermería y asilo, representando el principal eje de asistencia sanitaria de la localidad durante el Antiguo Régimen.