El globo terráqueo es una representación tridimensional de la Tierra, concebida para mostrar su forma esférica y la disposición de los continentes y océanos.
Su origen se remonta a la Antigüedad clásica: el primer globo conocido fue construido hacia el siglo II a. C. por Crates de Malos, filósofo griego que imaginó la Tierra como una esfera dividida en zonas habitables y oceánicas.
En la Edad Media, el conocimiento geográfico se redujo a mapas planos y simbólicos, pero con los descubrimientos del Renacimiento el globo recuperó protagonismo como instrumento científico.
En el siglo XV, Martin Behaim elaboró en Núremberg el famoso globo “Erdapfel” (1492), considerado el más antiguo conservado, anterior incluso al viaje de Colón.
Durante los siglos XVI y XVII los globos se perfeccionaron con la cartografía moderna, incorporando coordenadas, líneas de navegación y proyecciones precisas; se fabricaron tanto terrestres como celestes, mostrando estrellas y constelaciones.
En el siglo XVIII se convirtieron en objetos habituales en gabinetes científicos y escuelas.
En el XIX se popularizaron como elementos decorativos y educativos, gracias a la producción industrial y a los avances en impresión.
En el siglo XX se añadieron relieves, iluminación interna y soportes giratorios, y hoy el globo terráqueo sigue siendo símbolo del conocimiento geográfico y de la visión global del mundo, presente tanto en aulas como en espacios domésticos y museos.