Es la parte final de un caño que sirve para evacuar el agua de lluvia de los tejados y azoteas de los edificios (especialmente en catedrales e iglesias).
Su objetivo es lanzar el agua lo más lejos posible de los muros de piedra para evitar que la humedad los dañe o erosione los cimientos.
Su nombre viene del francés gargouille (garganta), que a su vez imita el sonido del agua al pasar por un tubo ("gorgoteo").
Sus principales tipos son:
Animales reales: Leones, águilas o perros.
Seres fantásticos: Dragones, grifos o quimeras.
Figuras grotescas: Seres humanos con caras deformes o demonios.
Durante la Edad Media (especialmente en el estilo Gótico), las gárgolas tenían un significado espiritual:
Guardianes: Se creía que estas figuras aterradoras ahuyentaban a los malos espíritus y protegían el templo.
Recordatorio: Servían para recordar a los fieles que el mal estaba fuera de la iglesia y que la salvación estaba en el interior.
No confundir con una quimera:
Gárgola: Tiene un agujero y suelta agua.
Quimera: Es solo una estatua decorativa con forma de monstruo (como las famosas de lo alto de Notre Dame de París) que no sirve para desaguar.