Es un recuerdo al esplendor que tuvo el comercio de la seda en la ciudad durante los siglos finales del reino nazarí y los primeros tiempos tras la conquista cristiana.
El clima y el terreno granadino favorecían la cría de morales y moreras, esenciales para el gusano de seda.
En el momento de la conquista cristiana, el zoco contaba con unas 200 tiendas dedicadas exclusivamente a la seda.
Un viajero flamenco de 1502, Antonio de Lalaing, llegó a escribir que Granada era el principal centro donde los mercaderes italianos adquirían la seda que luego trabajaban en sus talleres.
Aunque el comercio ya no es el de la seda histórica, el ambiente del antiguo zoco sigue vivo.